Narcotráfico y narcoguerra: El desbocamiento de los "ajustes de cuentas"
Tras el narcoatentado al Porsche en el que iba Gerald Oropeza, en una zona tranquila de San Miguel, Lima ya no es la misma. Cambio. Es otra. Una sucesión, cuasi diaria, de "ajustes de cuentas" perpetrados por sicarios del narcotráfico sacude la capital de nuestro país. El cruel asesinato de Patrick Zapata, el lunes 19 de abril, y del "Chino Saucedo", el sábado 25 de abril pasados, no solo reveló una guerra entre clanes sino que ha desbocado una retahíla de "ajustes de cuentas" en distritos de Lima y el Callao.
Veamos rápidamente los hechos. Varias horas después del asesinato del "Chino Saucedo", a las 9.30 pm del sábado 25 de abril, en San Hilarión Alto, en San Juan de Lurigancho, dos sicarios encapuchados asesinaron a tiros a un empresario y a un taxista que - según la Policía- tenían antecedentes por robo agravado y tráfico ilícito de drogas. Sin duda alguna, la muerte del tío y su sobrino, era un "ajuste de cuentas" del narcotráfico.
Cuatro días después, el miércoles 29 de abril, alrededor de las 4.30 am, en la cuadra dos de la calle Gonzalo Pizarro, en el distrito de Comas, sicarios armados dispararon contra varias personas que estaban bebiendo gaseosa fuera de una tienda dejando muerto con una bala en la cabeza a un joven -según el diario Trome- llamado "Junior" y dos heridos. Fue una balacera, como en México, con daño "colateral".
Y, hoy jueves 30 de abril, hubo dos "ajustes de cuentas" en dos puntos lugares diferentes de Lima y el Callao. Por un lado, un hombre fue asesinado de tres balazos (cabeza, hombro y pierna), al promediar la 1 a.m. Su cuerpo fue arrojado al río Rímac, a la altura del puente Graña, en la autopista Ramiro Priale, San Juan de Lurigancho. Según los testigos, antes que lo asesinen, el occiso tuvo un altercado con tres personas dentro de un vehículo.
De otro lado, a las 7 a.m., por la cuadra 19 de la avenida Faucett, en el Callao, dos sicarios descendieron de una combi y se acercaron a Miguel Acevedo Chávez, de aproximadamente 25 años, a quien le dispararon cuatro veces: los disparos le impactaron en la espalda y la cabeza. Y, como si nada hubiera pasado, los sicarios escaparon con dirección al aeropuerto Jorge Chávez. Y, casi nunca, son capturados.
En suma, entre el 19 y 30 de abril, seis personas asesinadas por sicarios de los clanes de la droga entre Lima y el Callao. Uno o más balas en la cabeza de sus víctimas es el signo distintivo del "ajuste de cuentas" narco. Es la garantía que los que fallaron el "negocio" no sobrevivirán, no quedaran vivos. Y, además, es una muestra de la crueldad e insanía de sus asesinos a sueldo. No hay la más mínima conmiseración con su eventual víctima.
Son los “limpiadores” del negocio de la blanca. Ya llegaran las decapitaciones, una práctica de los carteles mexicanos.
La intensificación, nunca antes visto en Lima, de los "ajustes de cuentas" deja ver con mucha claridad que vivimos una narcoguerra; una guerra entre clanes familiares de la droga. Es una narcoguerra, muy diferente a la violencia senderista, cuyas balas y sangre tiñen los distritos de clases medias y populares de Lima y Callao. Y, lo peor, como la guerra de las familias en la saga El Padrino, la situación está totalmente fuera de control de la policía y el Estado.